BRINDIS
POR EL NIÑO QUE FUI, SOY Y SERÉ
Si bien los años pasan, por lo general se van quedando con uno. Llegan sin pedir permiso, y se van acomodando en algunos lugares, como por ejemplo las coyunturas, el rostro, la vista y el cabello, y tan cómodos están que se siguen quedando, y así se van sumando (e instalando) otros, sin siquiera pedirnos permiso. Más allá de la infancia que he tenido (que pudo ser mejor ó peor que otras, pero de la cual no me puedo quejar), el niño que llevo dentro (frase trillada si las hay) va a todas partes conmigo. Lo encuentro cuando comparto con mi nieto ó mis sobrinos un rato jugando a la pelota, a la Play Station, (donde les juego "a cara de perro", obvio que me tienen de"hijo"), como así también, con solamente una bolita, sí, sí, una bolita, improvisamos una pequeña cancha de fútbol sobre el mantel en la que podemos estar jugando horas. Entre los viejos "flippers" y los videojuegos ha pasado mucha tecnología, y ni que hablar si lo comparamos con aquel "Mecano" que recibí con mucha alegría (ya las linternas desarmadas y jamás vueltas a armar sumaban decenas), y que, con el paso del tiempo, me dí cuenta del gran esfuerzo de los viejos al comprármelo. Pero las cosas más sencillas siempre me han hecho inmensamente feliz. El domingo 10 de agosto pasado se festejó el día del niño, y no pude dejar de recordar el primer juguete de mi vida que mi memoria rescata: era un soldadito de plástico de color verde con un paracaídas de celofán. Subía la escalera hacia la terraza del departamento n°3 de aquel PH del conurbano, y desde allí lo arrojaba al vacío; lo veía balancearse en el aire, descendía plácida, lentamente. Cuando tocaba el suelo bajaba corriendo las escaleras, lo tomaba, doblaba el celofán y los hilos, y subía para lanzarlo nuevamente. Y así infinitas veces. Creo que ése debe haber sido mi primer entrenamiento de cuestas. Porsupuesto que traté de imitarlo en varias oportunidades, como por ejemplo con un paraguas desde el 5° escalón de dicha escalera, pero los resultados fueron moretones, dobladuras y gritos de mi madre amenazándome que si no me rompía la cabeza por los saltos ella se encargaría de hacerlo (triste la vida del paracaidista). Hoy brindo por el niño que hay en mí y en nosotros, y que espero que aparezca cuando y donde quiera, aunque nosotros no lo dejemos, y de paso aquí van algunos comentarios de unos chicos amigos míos. Chau, me voy a jugar con los pibes. CQ.
llena de golosinas”.
Margarita Marina Frezzotti (Maestra Jardinera-46 años-Atleta del Correrayuda Nike Running Team Paseo de la Infanta): “Teníamos un tío soltero muy regalón que vivía a la vuelta de mi casa, así que con mis 3 hermanos, llegaba el día del niño o los reyes magos y lo primero que hacíamos era saltar de la cama e ir corriendo a la casa del tío soltero que nos esperaba siempre con un montón de regalos muy lindos, sobre todo ropa muy linda, no recuerdo ninguno en especial, eran todos buenísimos, eran LOS regalos del tío”.

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